El sol de la verdadera felicidad brilla en tu vida cuando empiezas a cuidar a los demás.  Lama Zopa

En noviembre de 2000, comenzamos a reunirnos un grupo de personas con el deseo de comprender en nosotros mismos el proceso de la muerte y a través de esta comprensión poder acompañar y apoyar a personas que estuviesen pasando este trance. Sensibilizados ante esta situación nos hemos ido encontrando personas con filosofías y prácticas espirituales diversas.

Así surgió la asociación Potala Hospice (entidad sin ánimo de lucro, inscrita en el registro nacional de asociaciones con el nº 170499), nombre dado por nuestro Venerable Rimpoché. Potala significa “Tierra Pura de Chenrezig”, el Buda de la compasión; y Hospice, es el movimiento que dio origen a los cuidados paliativos, que son un tipo especial de cuidados diseñados para proporcionar bienestar y soporte a los pacientes y sus familias en las fases finales de una enfermedad incurable o “terminal”.

El Hospice no es sólo un lugar, es una filosofía sobre cómo cuidar a una persona que tiene una enfermedad que amenaza su vida, y a sus familiares que tienen que afrontar esta situación tan difícil.

Los principios generales de los Hospices son:

  • Afirmar y apoyar la vida, porque los moribundos aún están vivos y tienen derecho a una vida confortable.
  • Reconocer que la muerte es un hecho normal. No se puede prolongar ni acortar el momento de morir.
  • Cuidado holístico: se valora a la persona como un ser global atendiendo a sus necesidades físicas, psicológicas, espirituales, sociales, etc.
  • El servicio Hospice se ofrece a todas las personas, con independencia de su raza, sexo, religión, condición económica, edad, etc.; tratando a cada uno según sus necesidades.
  • Se considera que el duelo y la pena son normales, proporcionando apoyo a los que sufren la pérdida de un ser querido.

A partir de esto, los principios básicos de un Hospice Budista, son:

  • No dañar a los otros seres, respetando las diferencias de cada uno. Dice S.S el Dalai Lama: “Practica bien tu propia religión”. No se pretende convertir a nadie al budismo, ni enseñar una forma de morir budista.
  • Creemos que el cuidar sincero viene de una actitud de bondad amorosa y por muy pequeñas que sean las cosas que hacemos, si son realizadas con amor, dan mejor resultado. Intentamos trabajar desde el corazón.
  • Toda vida humana es preciosa y cada uno tiene el potencial de crecer y desarrollarse hasta el mismo instante de la muerte. Cuando se propician las condiciones adecuadas, uno puede curar su mente.
  • Pensamos que la verdadera compasión surge de entender que el sufrimiento es una experiencia universal. Intentamos ser abiertos y tener una actitud sin juicios para entender por qué la gente sufre.
  • Conocer que vivir y morir son algo inseparables. Comenzamos a morir desde el momento en que nacemos, lo que significa que cada momento de la vida es precioso y hay que aprovecharlo de la mejor manera posible.
  • Nuestro modo de ser influye y afecta a cada ser que nos encontramos, por eso si tenemos una mente calmada, sólo el hecho de entrar en una habitación, puede calmar el ambiente.

Nuestros objetivos:

  • Acompañamiento al enfermo en fase terminal, atendiendo a sus necesidades de índole emocional y espiritual, tanto en el hospital como en el domicilio.
  • Acompañamiento al enfermo en estado de agonía, creando juntos el ambiente que favorezca una muerte serena.
  • Ser un nexo entre paciente y familia, favoreciendo la comunicación entre ellos y el acercamiento creativo hacia la muerte.
  • Cooperación con el equipo médico y otros profesionales implicados.

Basándonos en los principios universales de respeto, tolerancia y compasión, comprendemos que cada persona es única e irrepetible, libre de elegir lo que considere mejor para su evolución, por lo que nuestro ofrecimiento se adecúa a la petición expresa de cada enfermo.

El voluntario de la asociación es una persona que, partiendo de una motivación propia de solidaridad hacia el enfermo, recibe una preparación con el fin de obtener una serie de conocimientos, habilidades y actitudes que le capaciten para acompañar al enfermo en estado terminal. Periódicamente organizamos cursos de preparación de voluntarios.

Entendemos que la persona próxima a la muerte no es un enfermo al que hay que ayudar a sanar su cuerpo. Es un ser humano que va a abandonar esta vida y necesita estar en paz consigo mismo para poder hacer el tránsito. Para apoyar en esta dirección ofrecemos sesiones de acompañamiento musical. La característica que ofrece la música respecto a su comunicación no-verbal, facilita el acercamiento a cualquier individuo sea cual sea su etnia, su lengua materna, su creencia religiosa o su práctica espiritual. Nuestra experiencia nos dice que, durante y después de las audiciones, el enfermo y los acompañantes experimentan sentimientos de serenidad, de intimidad y de paz interior.

La labor del voluntario, como relación de persona a persona, humaniza e involucra a la comunidad y promueve la solidaridad.

“Si no permites que la compasión abandone tu mente, si constantemente guardas en tu corazón el pensamiento de beneficiar a los demás, entonces todo lo que hagas se vuelve beneficioso para los demás”

La importancia de la muerte se puede ver a lo largo de la historia, pues podemos ver cómo ha impregnado la vida de todas las culturas, propiciando los más diversos sistemas de creencias y prácticas mágico-religiosas, en un intento de la humanidad de entender y manejar esta realidad inevitable de la naturaleza humana.

Con el paso de los años también ha ido cambiando el concepto de muerte y la forma de afrontarla. Desde hace cuatro o cinco décadas, ha cambiado drásticamente la forma en que el hombre vive la muerte, y en nuestra sociedad moderna, se la rechaza, se la esconde, se la vive con angustia, la muerte ha dejado de ser admitida como un fenómeno natural.

Pero, en medio de este panorama, también está surgiendo una concienciación y cada vez es mayor el número de personas que advierte que tenemos un enfoque equivocado de la muerte, que no necesariamente la muerte tiene que estar ahogada por la angustia y que se puede morir en paz de acuerdo a las creencias de cada uno.