El budismo se origina en la India hace 2600 años. Su fundador fue Siddharta Gautama al que se llamaría Buda Sakyamuni. Sus enseñanzas, fruto de su propia búsqueda de liberación y felicidad, fueron transmitidas de maestro a maestro hasta llegar de forma ininterrumpida hasta nuestros días. De esta forma los maestros (llamados lamas en la tradición tibetana) nos abren la puerta de las enseñanzas de Buda; pero somos nosotros los que hemos de ponerlas en práctica y contrastarlas con nuestra experiencia.

La práctica del budismo pretende la interiorización personal de las enseñanzas a través del estudio, la reflexión y la meditación. Desde este punto de vista podemos decir que el budismo es una ciencia de la mente que ofrece técnicas de crecimiento psicológico y espiritual, sustentada en la experiencia de todo un linaje de sucesivos practicantes que han constatado sus efectos. No se basa en dogmas ni postulados, sino que es un camino experimental, en el que uno ha de asumir su propia responsabilidad en la búsqueda de la felicidad.

Dentro del budismo tibetano mahayana, el factor que determina s un linaje de enseñanzas permanece intacto o no, es la existencia de una transmisión oral directa de maestro a discípulo, desde el Buda histórico hasta los maestros que viven hoy día. Es nuestro objetivo como centro perteneciente a la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana (FPMT), cuidar del ininterrumpido linaje gelugpa que nos llega a través de nuestros maestros y asegurar que la palabra y sabiduría del Buda sobrevivan para las generaciones futuras.

El linaje de la FPMT de budismo tibetano procede de Lama Tsong Khapa  tal como ha sido enseñado por los lamas Thubten Yeshe, el fundador y Lama Thubten Zopa Rimpoché, el actual director espiritual. Siempre bajo la guía de Su Santidad el Dalai Lama, nuestros maestros están comprometidos con la promoción de valores humanos como la compasión, el perdón, la tolerancia, la alegría, la autodisciplina, la armonía, el entendimiento entre las principales tradiciones religiosas del mundo y el compromiso de trabajar para preservar la cultura budista del Tíbet, una cultura de paz y no violencia.